Culture

Journal SISA: Recomendaciones culturales N.46

Para cerrar este 2023, invitamos a Cecilia Puga, directora del Museo Chileno de Arte Precolombino y reconocida arquitecta y docente, a compartir sus recomendaciones culturales. Esta edición del Journal está cargada de las observaciones, la mirada especial y su propia voz. 

Recomendaciones de Cecilia Puga

Cecilia Puga es arquitecta de la Universidad Católica de Chile y desde el año 1995 desarrolla su práctica profesional en forma independiente en Santiago, donde ha llevado a cabo proyectos de diseño de diferentes escalas y programas, destacándose la Casa en Bahía Azul –un referente a nivel internacional– y recientemente la nueva sede del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, junto a Paula Velasco y Alberto Moletto. 

Su actividad académica regular se lleva a cabo en la Universidad Católica de Santiago. Ha sido profesora invitada de la ETH Zurich, la Universidad de Texas, Austin; y ha dirigido estudios en el GSD en Harvard y el BIAarch en Barcelona. 

En la actualidad, junto a Paula Velasco, su socia desde 2019, y Max Parada como arquitecto asociado, trabaja en el proyecto para el Archivo Regional de Valparaíso, que se construirá al interior de la ruina del Palacio Subercaseaux, un proyecto de recuperación patrimonial y arquitectura contemporánea. 

Paralelamente a su labor docente y profesional como arquitecta, es directora del
Museo Chileno de Arte Precolombino
'Todas las caras del rostro' de Eugenio Dittborn en Fundación Frágil

Esta muestra en la Fundación de Arquitectura Frágil, inaugurada en octubre de este año, presenta dibujos de gran tamaño que el artista realizó en 2022 y no habían sido exhibidos hasta ahora.

'Todas las caras del rostro' está abierta a todo público durante las tardes de los jueves hasta el 4 de enero de 2024, y su ingreso es gratuito con previa
inscripción por correo.


Se trata de la primera exposición realizada en el lugar común de la Fundación de Arquitectura Frágil en Providencia. Presenta diez dibujos en carboncillo fijados con spray Winsor & Newton sobre tela nylon ripstop color blanco en gran formato.
Los diez dibujos impresionan, primero por su montaje: cuelgan como sábanas o cortinas, desde el cielo de la galería, y se ordenan para contener un espacio. Definen así su pequeño territorio, desde el que se puede ver la obra. Y hay una pequeña trampa en ello, porque una vez adentro, son, de algún modo, esas caras del rostro las que nos miran a nosotros, con toda su carga, con sus locas geometrías y su escala desescalada. El espacio es blando, aparentemente ligero, un espacio dentro de otro espacio (el de la galería en el fantástico edificio diseñado por Smiljan Radic) igual que las caras dentro de las caras. 

Se anuncian como dibujos en carboncillo, pero tienen 3 x 1,5 metros. Cada “cara” está amplificada y esta amplificación está llena de densidad material y simbólica. Imposible no pensar que hay un cuerpo en toda su dimensión desplegándose, desplazándose, manejando instrumentos, involucrado completo.
Cuando uno lee “dibujos en carboncillo” piensa en una mano, quizá en un antebrazo, en una mesa. Cuando ve los dibujos, esa mano es cuerpo, esa mesa es espacio. Ese desplazamiento escalar me resultó provocador, interesante. 

Finalmente, están todas las caras del rostro, una obra espectacular que se recorre siguiendo sus trazos, sus inflexiones geométricas, sus espacios en blanco, todas las densidades del negro. Cada cara es distinta, y todas construyen un rostro que puede ser interpretado de muchas maneras. Es un rostro cargado, como puede estar cargada la vida y la mirada de un artista de honda trayectoria como Eugenio Dittborn.

Recomiendo también intentar conseguir el precioso catálogo de la exhibición con textos del autor y fotografías de la obra.

El espacio común de Fundación Frágil está instalado en la calle Alberto Risopatrón, en Providencia. Más información en su 
Instagram.
Unas fotografías de Carlos Altamirano

Comparto aquí el fragmento 'Cómo armé este libro', escrito por el propio Altamirano y publicado el 14 de octubre del 2021 en la revista Santiago. Creo que es su mejor presentación (y recomiendo su lectura).

“Antes de escribir una palabra, lo diagramé. Primero las páginas iniciales: las portadillas, los créditos, el índice. Luego ordené las dieciséis fotografías interiores, acompañándolas con textos simulados –todos con una extensión parecida– en una secuencia dictada por el azar, que mantendría hasta el final. Por último, diseñé la portada. Cuando ya estaba hecho todo lo que sabía hacer para que el libro pareciera un libro, lo miré. Durante días lo miré, imaginando cómo sería cuando ya estuviera hecho lo que no sabía hacer. También comenté con algunos cercanos que estaba escribiendo un libro. “¿Sobre qué?”, era la pregunta automática. Mi respuesta invariable: “Sobre unas fotografías”. Ambas maniobras –poner en orden lo que ya sé de la obra que está naciendo (un libro, en este caso) y nombrarla en voz alta– son complementarias y necesarias para que su existencia, todavía tenue, sea ineludible”.
“(…) En la juventud, cuando todavía era permeable a frases como “ser alguien en la vida” o “vivir cada minuto como si fuera el último”, vivía apurado por alcanzar una meta incierta que se movía a la misma velocidad que yo. La muerte era una abstracción, y el trayecto hacia ella, interminable. Pero, a poco andar (o correr), sonó de pronto un campanazo anunciando que el tiempo que me quedaba por vivir era menos que el que ya había vivido; me pareció que lo atinado era detenerme, dejar de perseguir polillas y permitirle a mi biografía que me alcanzara. En la prisa por llegar adonde nunca había llegado, la había dejado atrás. 

Durante muchos años sobrevolé mi vida a una altura en la que no se distinguen los detalles. Buena parte del recorrido transcurrió en la espalda de una gran nube gris, perforada de vez en cuando por trocitos de escenas aisladas que –aferradas a fotografías, dibujos y recortes– guardé, intuitivamente, en mi caja de cartón. De ahí salieron las protagonistas de este libro”. 


Unas fotografías fue publicado por Ediciones UDP en 2021. Disponible en librerías
Bachianas Brasileiras de Heitor Villa-Lobos
 
  • Victoria de Los Ángeles, Orchestre National de la Radiodiffusion Française
 
Las Bachianas Brasileiras son un grupo de obras creadas por el compositor brasileño Heitor Villa-Lobos, quien buscó una manera de articular el folclore brasileño con formas y estructuras clásicas, barrocas e incluso románticas. 

Villa-Lobos es parte de una generación de artistas americanos que, durante la primera mitad del siglo XX, buscaron construir una modernidad desde lo popular y lo local, generando una obra que se aleja de los parámetros oficiales y cruza fronteras. 
Esta obra en particular consiste de nueve piezas en total, pero la versión que recomiendo para empezar a escucharlas (con la maravillosa soprano Victoria de Los Ángeles y dirigida por el compositor) sólo incluye las 2, 5, 6 y 9. También pueden escucharse las versiones de Barbara Hendriks y Kiri Te Kanawa.

“Las nueve piezas a las que Villa-Lobos dio el título de Bachianas Brasileiras datan todas de entre 1930 y 1945. En ellas buscó explorar lo que él sentía que eran los vínculos entre la música de Bach y la de su Brasil natal: una conexión oblicua si es que alguna vez hubo una”, escribe Geoff Thomason.

“Villa-Lobos vio en la escritura instrumental de Bach, en la forma en que se hace tanto hincapié en el entrelazamiento de hilos contrapuntísticos igualmente importantes, un eco de la libertad de escritura de las partes que encontró en la música folclórica de su propio país. Muchos de los movimientos de la serie tienen títulos dobles, uno relacionado con las formas barrocas, el otro con las formas indígenas brasileñas”.
Yma Súmac
  • The Ultimate Yma Sumac Collection (1999)
  • Essential Classics, Vol. 88
  • Inca Taqui, Yma Sumac, Moises Vivanco (1953)

Esta extraordinaria artista peruana combinó música tradicional de Perú con ritmos caribeños y de otras latitudes. Su verdadero nombre fue Zoila Emperatriz Chávarri y nació en 1922. Dice ella que aprendió a cantar escuchando el trinar de los pájaros y los sonidos de la naturaleza, que describe como exóticos, aterradores e inspiradores al mismo tiempo. 

A partir de 1946 se radica en Estados Unidos, donde se promociona como una legendaria princesa descendiente de Atahualpa, el último emperador inca, con el nombre de Yma Súmac, que significa “la más bella” en quechua.
Yma Súmac alcanzaba cuatro o cinco octavas, tenía un rango de extensión vocal que le permitía hacer cosas excepcionales, convirtiéndose en un éxito que la llevó a salas tan importantes como el Carnegie Hall de Manhattan o el Hollywood Bowl. 

Como actriz, rodó El secreto de los Incas (1954), Omar Khayyam (1957) y Música de siempre (1958). Mientras triunfaba en el hemisferio norte, en el Perú su obra fue muchas veces criticada, por ecléctica y por no representar –o más bien deformar– la música indígena.

Recomiendo
este artículo de Guillermo D. Olmo, publicado en BBC NEWS Mundo, para los que quieran conocer más de ella. Pero ante todo recomiendo escucharla.
Quiebres y reparaciones en el 
Museo Chileno de Arte Precolombino

El Museo Chileno de Arte Precolombino acaba de inaugurar la muestra Quiebres y reparacionesCon la participación de Bernardo Oyarzún, importante artista visual chileno a cargo de la museografía –que incluye una obra de su propia autoría–, se exhiben más de 100 piezas precolombinas y etnográficas invitándonos a reflexionar sobre los quiebres y el sentido de la reparación, y sobre las técnicas usadas por sus propios creadores. 

La muestra tiene que ver con el cuidado, con las acciones que tomamos para prolongar la vida de los objetos, y los ritos relevantes para las distintas sociedades y culturas que habitaron Chile y América.
También tiene que ver con nuestra capacidad de convivir con las heridas que esos objetos traen al presente, y con lo que estas heridas –reparadas y no invisibilizadas– representan en cuanto procesos de adaptación y cambio tanto sociales y culturales como tecnológicos.

Las culturas representadas a través de los objetos de esta exposición pudieron haber desechado las piezas rotas y hacer nuevas. Tenían los medios y la tecnología para reparar y hacer invisible la intervención, restituyendo los objetos a su estado original. Y, sin embargo, decidieron dejar las heridas visibles, usando técnicas y materiales que permitieron que la huella de ese “trauma” material constituyera una capa más que se adhería a la historia funcional y simbólica de cada objeto.
Estos objetos requieren de una forma distinta de mirar, porque están exponiendo el daño, un quiebre – involuntario a veces, pero también voluntario (piezas matadas, se les llama). 

Es una muestra especial. No habla de perfección, a veces incluso ni siquiera de belleza y, sin embargo, muestra una colección de objetos preciosos por el cuidado del que fueron depositarios y por la voluntad de hacerlos permanecer, prolongando sus vidas, evitando la obsolescencia, y, a pesar de sus heridas, haciéndolos participar de las vidas de las personas que actuaron sobre ellos. 

De algún modo, nos interpelan en muchos planos: desde el ecológico y medioambiental, hasta planos más profundos como, por ejemplo, cómo convivimos hoy con nuestras propias heridas y nuestros traumas como individuos y como sociedad.

Como complemento, se puede escuchar
esta entrevista de Radio Duna, junto a Felipe Armstrong, jefe de curaduría, con detalles sobre la muestra, el museo y más. 

Ubicado en Bandera 361, Santiago. Más información para visitarlo, acá.
Palacio Pereira

Cuando el Estado piensa más allá de los ciclos electorales, abraza la calidad, diseña procesos y dispone los recursos que la aseguran, el impacto que genera es de proporciones. Tenemos algunos casos notables hoy en Santiago, como el Parque Mapocho Río, un proyecto de 52 hectáreas diseñado y ejecutado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo que democratiza los altos estándares de calidad en el diseño de áreas verdes públicas, beneficiando a miles de personas de las comunas de Quinta Normal y Cerro Navia.

Otro ejemplo relativamente reciente es la recuperación del antiguo
Palacio Pereira y la construcción del nuevo edificio para alojar ahí a la Subsecretaría del Patrimonio Cultural. 
Vale la pena darse el tiempo de visitarlo. Incluso mejor, inscribirse en una visita guiada y luego tomarse un café en su preciosa cafetería.

Es un paseo que fascina y sorprende, y que no va a dejar a nadie indiferente. La calidad del espacio, el valor histórico del edificio, el relato de su recuperación, el patio y el edificio nuevo, la habilitación (realizada por las talentosas Alexandra Edwards y Carolina Delpiano, con la participación de muchos diseñadores nacionales como Rodrigo Bravo, Ignacia Murtagh, Ricardo Garretón); las exhibiciones temporales, todo constituye una experiencia inolvidable donde el diálogo entre pasado y presente nos ofrece una salida a los dilemas del patrimonio en el mundo contemporáneo. 
“La restauración de ‘El Palacio Pereira’ refleja una posición activa y contemporánea frente al problema del patrimonio. El proyecto entiende el patrimonio como algo que recibimos, que gestionamos durante un tiempo y que entregamos enriquecido a las generaciones futuras. Por tanto, el proyecto tiene una comprensión del tiempo, una comprensión que no sólo recibe, sino que construye el patrimonio futuro”, dijo Emilio de la Cerda, ex Secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales en la época que se llamó al concurso para su restauración.

Está ubicado en Huérfanos 1515, esquina San Martín, Santiago. Más información para visitarlo,
acá.